UNA NIÑA EN EL ROCIO
Una niña en el Rocío
Me han traído a esta casa a una misa de acción de gracias, de despedida.
Como soy muy pequeñita, a la altura de mis ojos, sólo veo pantalones oscuros, trajes de muchos colores, abanicos, arena en el suelo y hace mucho calor.
Veo a hombres que llevan unos palos largos con telas de dibujos , otros con varas y otros con banderas.
No sé lo que quieren decir, oigo hablar de hermandades, de asociaciones, de madre, de un niño pequeño, de marismas…. ¡No entiendo nada!
Estoy muy fatigada y me duelen los pies. Como veo unas escaleras aquí cerca , voy a sentarme un rato. Se me cierran los ojos y me apoyo en una valla, me agarro a un barrote, paso el brazo y cruzo los dedos de las manos para sujetarme. Tengo mucho sueño, cada vez me encuentro más cansada .
Al otro lado hay gente vestida de blanco, una señora con vestido muy brillante sobre una mesa, tiene un niño pequeño delante y muchas flores.
Ya no puedo más, me caigo de sueño, cierro los ojos , bostezo, me quedo dormida con la boca abierta. ¡Qué bien estoy ahora!
Me encuentro tan bien que hasta he empezado a soñar.
Una señora me habla con una voz muy dulce y me dice unas palabras muy cariñosas que me gustan mucho:
Mi querida niña,
Estás en un templo que es la casa en la que vivo y que llaman La Ermita.
Soy como una mamá para todos y por eso me dicen Madre de Dios.
Tengo en mis brazos a mi hijo, un niño pequeño al que aquí llaman el Divino Pastorcito.
Todos los años, en un día muy especial, como el de hoy, los hombres de este pueblo que se llama Almonte me llevan al exterior y me pasean por sus calles. Es el lunes de Pentecostés y por eso me llaman la Blanca Paloma.
Esas aguas tan bonitas que rodean la Ermita, en las que ves caballos y garzas, se llaman marismas y por eso, también me llaman la Reina de las Marismas.
Los palos largos con telas de dibujos se llaman Simpecados y me representan de muchas formas, tienen colores muy vistosos y los traen de sitios muy diferentes, algunos desde muy lejos.
Los barrotes donde te has apoyado forman parte de una verja que aquí llaman “la reja”. No se utiliza para separarme de nadie sino que sirve de apoyo para todos los que vienen a verme y así me tienen muy cerca.
Todos los días viene mucha gente a visitarme, unos rezan en silencio, otros cantan, muchos se emocionan, otros me cuentan sus problemas, sus penas y algunos están enfermos.
Les oigo a todos, atiendo a todos, a todos les hablo y consigo que vuelvan más tranquilos a sus casas.
Otras personas se juntan formando Hermandades, traen sus Simpecados en unas carretas tiradas por bueyes y vienen todos los años a verme en romerías que pueden durar varios días. Llegan muy cansados, sedientos, cubiertos de polvo y a todos les agradezco el esfuerzo, les sonrío y les animo para seguir adelante.
Ahora estamos en una celebración de despedida, es una misa donde los sacerdotes van vestidos de blanco y todos me están diciendo adiós y me dicen que esperan volver de nuevo el año próximo.
Cuando seas mayor entenderás mejor todo lo que te cuento ahora, comprenderás el significado de todas las cosas y tendrás emociones que ahora, al ser tan pequeña, todavía no puedes sentir.
No te preocupes, no hay prisa, yo te estaré esperando para que vengas a verme cuando quieras.
Estás muy guapa con tu vestido azul y estoy muy contenta ya que el mejor regalo que me has hecho ha sido mostrarme tu cansancio, tu fatiga y tu sueño.
Te doy un beso muy grande y aunque estés dormida y no te des cuenta, te digo que esto no es un sueño, le estoy hablando a tu corazón,
Soy esa Señora que tiene ese vestido tan brillante y que tienes tan cerca.
Soy la Virgen del Rocío.
Lunes de Pentecostés 13 de Junio de 2011. El Rocío. Huelva
Texto y fotos: Eduardo M. Jiménez Sarasa
Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Navarra


